Guatemala, 5 de septiembre de 2010
 
 
 
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Suplementos de vitamina D reducen riesgo de diabetes tipo 1
 
16 mar 2008 (prensalatina.com.mx)
 

(PL) Los niños que toman suplementos de vitamina D presentan un 30 por ciento de menores probabilidades de desarrollar diabetes tipo 1, sugirió un estudio difundido en una publicación especializada.

La investigación desarrollada por expertos del St Mary's Hospital for Women and Children, Manchester, señaló que, al parecer, mientras más alta y frecuente son las dosis de vitamina D, más bajos los riesgos de sufrir diabetes tipo 1.

Los resultados del equipo se basan en la revisión de cinco estudios sobre los efectos de los suplementos de esa vitamina.

Investigaciones previas han encontrado que las personas diagnosticadas con diabetes tipo 1 tienen concentraciones más bajas de esa vitamina en comparación con las que viven sin esa condición.

También han encontrado que esa enfermedad es más común en países donde la exposición a la luz solar -una de las fuentes de vitamina D para el organismo- es baja.

Otros trabajos han vinculado los bajos niveles de vitamina D y la luz solar a enfermedades autoinmunes como la esclerosis múltiple y la artritis reumatoidea.

La diabetes es una enfermedad crónica que ocurre cuando el páncreas no produce suficiente insulina para controlar de forma efectiva los niveles de azúcar en sangre.

 
Una enfermedad sin sabor: Diabetes insípida
 
17 mar 2008 (www3.diariolibre.com)
 

Sus principales síntomas son una sed excesiva y orina en abundancia

Las enfermedades pueden ser terribles, desastrosas y hasta mortales... También, insípidas. Según la doctora Dolores Mejía, del hospital General de la Plaza de la Salud, "la diabetes insípida es un trastorno en el que los valores insuficientes de hormona antidiurética causan una sed excesiva (polidipsia) y una producción exagerada de orina muy diluida (poliuria)".

Esta enfermedad se caracteriza por provocar que se orine mucho y se produzca mucha sed, e incluso, si el paciente no tiene una ingesta de agua apropiada se puede deshidratar.

Sus causas son por: lesiones producidas durante una intervención quirúrgica, una lesión cerebral (particularmente una fractura de la base del cráneo), un tumor, una obstrucción de las arterias que van al cerebro, infecciones, entre otras. También existen condiciones genéticas heredadas.

La enfermedad se diagnóstica con facilidad: con un examen tan sencillo como el de la orina se busca un ítem que es la densidad de urinaria. Si ésta está por debajo de 1,010 entonces hay que hacer otras pruebas como sería la determinación  de la hormona, electrolito séricos, entre otros para confirmar en definitiva lo que es el diagnóstico, señala Mejía.

Sus tipo son:

Origen central: Ésta se ve frecuentemente en los pacientes politraumatizado que tienen accidente  y se pegan muy fuerte en la cabeza. Puede aparecer luego de cirugías craneales o radiación.

Lo singular de esta hormona es que el hipotálamo (parte del cerebro) la produce y luego es almacenada hasta ser liberada en el flujo sanguíneo por la hipófisis posterior. El trastorno puede también aparecer cuando una concentración de hormona antidiurética normal está combinada con una respuesta anormal de los riñones a la hormona, una afección denominada "diabetes insípida nefrógena".

También está la gestacional, esta se da porque en la placenta se producen unas encimas que se llaman desmopresinaza. Esta encima  se "come" la hormona antidiuretica, por eso la embaraza tiene la diabetes insípida mientras tenga la placenta. Después del parto se elimina.

Sus síntomas pueden comenzar de forma gradual o brusca y a cualquier edad. No discrimina  mujer ni hombre.

Un paciente puede beber enormes cantidades de líquido para compensar las pérdidas que se producen en la orina. Cuando esta compensación no es posible, puede producirse rápidamente deshidratación, y en consecuencia, disminución de la presión arterial y shock . 

 
Fracaso mortal en tratamiento de diabetes
 
25 marzo 2008 (jornada.unam.mx)
 

investigadores que intentaron reducir infartos entre diabéticos disminuyendo su glucosa encontraron que, al contrario de lo que pensaban, morían más pacientes. El hallazgo, anunciado a principios del mes, provocó que el gobierno detuviera un segmento de un gran estudio sobre diabetes y enfermedades cardiacas.

Los investigadores dijeron no saber lo que había causado el incremento de los decesos, pero afirmaron que no puede atribuirse al tratamiento con Avandia, que el año pasado se relacionó con un mayor riesgo de infartos, aun cuando algunos voluntarios tomaban ese fármaco.

“Es evidente que no esperábamos estos hallazgos”, señaló la doctora Elizabeth G. Nabel, directora del Instituto Nacional del Corazón, Pulmón y Sangre, en Estados Unidos, que lleva a cabo las pruebas clínicas.

Los perturbadores resultados ponen en duda la teoría popular de que reducir el azúcar en sangre de pacientes con diabetes tipo 2 puede prevenir infartos.

“Tenemos que ser cuidadosos, porque más no es siempre mejor”, expresó el doctor W. Douglas Weaver, presidente electo del Colegio Estadunidense de Cardiología y jefe de cardiología del Sistema de Salud Henry Ford, en Detroit. “La importancia de este estudio es: a veces lo inesperado sucede. En este caso, reducir el azúcar a niveles normales tuvo resultados poco efectivos.”

El estudio de Acción para el Control del Riesgo Cardiovascular en la Diabetes (ACCORD, por sus siglas en inglés) involucró a 10 mil 251 participantes en 77 lugares de EU y Canadá, entre ellos el Centro Médico para Veteranos de Baltimore.

De éstos, 257 del grupo de terapia intensiva fallecieron en el curso de cuatro años, en comparación con 203 del grupo de tratamiento estándar.

Recurriendo a una dieta modificada, ejercicio y medicinas para reducir la glucosa, la meta del grupo de tratamiento estándar era reducir sus niveles de azúcar en sangre a un punto seguro para diabéticos, aunque todavía más alto de lo normal.

En el grupo de tratamiento intensivo los doctores fueron más arriesgados e intentaron llevar los niveles de glucosa por debajo de los encontrados en no diabéticos. Veían más a menudo a esos pacientes, revisaban su glucosa con mayor frecuencia y les prescribían más medicinas, afirmaron los investigadores.

En general, el índice de mortalidad en ambos grupos estuvo por debajo de lo normal para diabéticos tipo 2; probablemente como resultado del cuidado y supervisión adicional que recibieron los pacientes de ACCORD.

El estudio encontró algunos efectos benéficos de la intensa reducción de glucosa. Por ejemplo, hubo 10 por ciento menos acontecimientos cardiovasculares no fatales –como infartos– en el grupo intensivo, a diferencia del grupo de tratamiento estándar.

Estudio a gran escala

“Sin embargo, si ocurría un infarto, era más probable que fuese fatal”, indicó el doctor Guillermo Friedewald, profesor de medicina en la Universidad de Columbia y presidente del comité de dirección del estudio. “Además, el grupo de tratamiento intensivo presentó muertes repentinas más inesperadas, aun sin infarto evidente.”

El doctor Bruce Hamilton, jefe de endocrinología en Baltimore, quien inscribió 180 pacientes en el estudio, señaló que los resultados lo tomaron un poco de sorpresa porque los índices de mortalidad en su hospital eran casi iguales entre los dos grupos de pacientes.

“Nunca nos dimos cuenta de nada”, dijo Hamilton, y resaltó que se requirió un estudio con miles de pacientes para revelar el peligro.

Hamilton especuló que algunos pacientes podrían haber tenido momentos en los que su glucosa bajó hasta niveles de peligro, condición denominada hipoglucemia. Cuando esto sucede, el sistema nervioso responde acelerando el pulso y constriñendo los vasos sanguíneos. Esto, a su vez, puede provocar un infarto o arritmia.

Desde el principio, los voluntarios del estudio de ACCORD eran una población de riesgo elevado: habían tenido diabetes tipo 2 durante un promedio de 10 años, niveles de glucosa por arriba de la media, enfermedades cardiacas y otros factores de riesgo como hipertensión o colesterol alto. Algunos eran obesos o fumadores.

El grupo de tratamiento intensivo seguirá siendo parte del estudio, que también busca reducir la presión arterial y el colesterol. Pero sus metas de glucosa se reducirán durante los 18 meses restantes, aseveraron los funcionarios.

Enfermedades cardiacas

Más de 20 millones de estadunidenses tienen diabetes tipo 2, y alrededor de 284 mil mueren a causa de ella cada año. Las enfermedades cardiacas y el infarto representan aproximadamente 65 por ciento de esos decesos. Los adultos con diabetes tipo 2 tienen de dos a cuatro veces más probabilidades de sufrir un ataque cardiaco o un infarto, o morir de enfermedad cardiaca, que los no diabéticos.

Un gran organismo de investigación ha demostrado que reducir los niveles de glucosa puede disminuir de manera importante el riesgo de algunas complicaciones derivadas de la diabetes, como enfermedades oculares, nerviosas y de riñón. Otro estudio ha revelado que los pacientes con inicio más reciente de diabetes que los inscritos en el estudio de ACCORD mostraron una tendencia a padecer menos infartos cuando redujeron sus niveles de glucosa.

Pero éste ha sido el primer gran ensayo clínico para estudiar si disminuir los niveles de glucosa de los diabéticos, a los que tienen las personas sanas, reduce el riesgo de enfermedad cardiaca. La respuesta, en este caso, fue no.

“Obviamente nadie habría esperado este resultado”, indicó el doctor Steven Nissen, cardiólogo en la Clínica Cleveland, quien dirigió el estudio sobre Avandia. “Éste es un llamado de alerta, y nos dice que los fármacos tienen efectos complejos.”

“Es lo correcto”

Nissen aseveró que los hallazgos tendrán impacto inmediato en su práctica. Antes, si un diabético con enfermedad cardiaca hubiese llegado a su oficina con un nivel de glucosa de 7.5 por ciento (comparado con menos de 6 por ciento en una persona normal), “yo le habría prescrito un fármaco adicional”, reconoció.

“Hoy tengo que preguntarme si es lo correcto”, afirmó Nissen. Antes habría estado satisfecho si uno de sus pacientes presentara un nivel de glucosa de 6.2 por ciento. Ahora, dijo, se preguntaría: “¿estoy haciendo daño o ayudo?”

Investigadores de ACCORD expresaron que ahora la meta del grupo de tratamiento estándar (en el que se incluyen los antiguos pacientes de tratamiento intensivo) es un nivel de glucosa entre 7 y 8 por ciento. Y aconsejan: no debe presionarse a diabéticos que tienen riesgo de contraer enfermedades cardiacas a reducir sus niveles más allá de eso.

“Estoy agradecido de saber cuál debe ser la meta de glucosa”, comentó la doctora Sheria Golden, endocrinóloga del hospital Johns Hopkins.

Golden afirmó que siempre ha estado consciente de que reducir demasiado el azúcar puede provocar un episodio de hipoglucemia. “Reduciré la glucosa hasta donde no se complique al paciente con riesgo hipoglucémico”, expresó.

Los especialistas tuvieron dificultades en hacer que los niveles de azúcar de los voluntarios se redujeran por debajo de los registrados en personas sanas; sólo alcanzaron un 6.4 por ciento, en vez de su objetivo de menos de 6.

Los doctores dijeron que resultados diversos a lo esperado son una de las razones por las que se llevan a cabo pruebas clínicas.

“En esencia, cuando algo parece ser una buena idea, necesitamos pruebas... para ver si funciona en la vida real”, señaló la doctora María M. Newman, internista en Lutherville. “Suena biológicamente plausible, pero eso no significa que funcione de esa manera.”

 

Varones diabéticos, más propensos a tener problemas urinarios

 
24 mar 2008 (nlm.nih.gov)
 

(Reuters Health) - Los varones con diabetes corren más riesgo de sufrir molestos síntomas en el tracto urinario inferior y padecer micción nocturna frecuente, según demostraron investigadores.

Esto es especialmente cierto en los hombres diabéticos negros.

Los investigadores examinaron las asociaciones entre la diabetes y los signos de próstata aumentada de tamaño, enfermedad llamada hipertrofia prostática benigna, o HPB, que es bastante común entre los varones mayores y que puede producir síntomas tales como micción frecuente y flujo de orina débil.

El estudio estaba constituido por 2.484 varones blancos y negros que estaban participando en estudios proyectados para evaluar la historia natural de la HPB. Su edad promedio era de 56 años y 170 (el 6,8 por ciento) tenían diabetes. Ninguno padecía cáncer de próstata.

La doctora Aruna V. Sarma, de la University of Michigan en Ann Arbor, y colegas hallaron que la diabetes aumentaba significativamente el riesgo de padecer síntomas irritantes tales como micción frecuente -especialmente por la noche- y sensaciones de urgencia por orinar.

La asociación entre la diabetes y síntomas moderados a severos del tracto urinario inferior era mayor en los varones negros que entre los hombres blancos.

No había ninguna asociación significativa entre la diabetes y el volumen de la próstata, lo que indica, según los investigadores, que la "presencia de diabetes estaría menos relacionada con el crecimiento de la próstata y más vinculada con los componentes dinámicos del funcionamiento del tracto urinario inferior".

Diabetes Care, marzo del 2008

 
La clave de la terapia contra la diabetes tipo 2 es eliminar la obesidad abdominal
 
15 mar 2008 (elmundo.es)
 

Buena parte de los que estén leyendo este artículo tendrán diabetes tipo 2 o su médico les habrá dicho que sufren alteraciones en el metabolismo de la glucosa. Para remediarlo, estarán haciendo una dieta más o menos estricta y tomarán medicación antidiabética diaria. Algunos incluso se estarán inyectando insulina. Sin embargo, los datos apuntan que para controlar la enfermedad eso no es suficiente.

Si los lectores que se identifican con esta descripción echan un vistazo a su barriga, seguramente se encontrarán con un perímetro de la cintura bastante más abultado de lo aconsejable. Pues bien, deje de considerar ese michelín como un problema meramente estético y declárele la guerra abierta, ya que esta 'lorza' es la responsable de que todo el metabolismo de la glucosa y la insulina no funcione bien.

Un comentario publicado esta semana en la revista 'The Journal of the American Medical Association' ('JAMA'), escrito por Roger Unger, del Centro para la Investigación de la Diabetes Touchtone de Texas (EEUU), ha puesto el dedo en la llaga.

En opinión de este prestigioso científico, las estrategias actuales para controlar la diabetes tipo 2 (una alteración endocrina que ya afecta a millones de personas en todo el mundo) están condenadas al fracaso si siguen centrándose únicamente en reducir los niveles de glucosa en sangre mediante la administración de medicación antidiabética y de dosis cada vez mayores de insulina (la hormona encargada de metabolizar el azúcar).

Unger se apoya en la gran cantidad de conocimiento acumulado en los últimos años para proponer un «replanteamiento» de la enfermedad, así como de su prevención y tratamiento, dado que la evidencia científica sugiere que cualquier alternativa terapéutica para evitar y controlar la diabetes tipo 2 pasa invariablemente por la reducción de la obesidad corporal; concretamente de la abdominal.

La grasa que se acumula alrededor de las vísceras de esta zona ha ido cobrando protagonismo a la hora de evaluar el riesgo cardiovascular de los pacientes. De esta manera, muchos expertos proponen que en las consultas de cualquier facultativo haya, además del clásico fonendo, un metro para medir el perímetro de la cintura (indicador externo de la cantidad de grasa acumulada en esta zona).

Sin embargo, el papel de la adiposidad abdominal no se queda ahí. Al parecer, también incide decisivamente en la regulación del metabolismo de la glucosa y la respuesta de la insulina ante los hidratos de carbono, es decir, del proceso que conduce a la diabetes del adulto.

Hasta hace menos de una década, se creía que la grasa abdominal era una reserva inerte del exceso de calorías que se ingerían. Este depósito se hace patente en diferentes zonas del cuerpo, dando lugar a una obesidad tipo 'pera' (más común en las mujeres y que se localiza en caderas y muslos fundamentalmente) o a una tipo 'manzana' (habitual en los varones y que se sitúa en la tripa).

Sin embargo, mientras que la morfología de 'pera' no tiene más trascendencia que la meramente estética, la de tipo 'manzana' es mucho más perjudicial, ya que eleva el riesgo de alteraciones metabólicas que, finalmente, conducen a diversas enfermedades.

UNA GLÁNDULA MÁS

Pero ¿cuál es el motivo de que los michelines sean, en realidad, tan peligrosos? Pues que los adipocitos (células grasas) abdominales, al estar aumentados en número y tamaño, tienen la capacidad de generar sustancias (adipocitoquinas) implicadas en varios procesos metabólicos que, a su vez, inciden en el gasto calórico, la ingesta de alimentos y en el funcionamiento de los lípidos y los azúcares

Por otro lado, los adipocitos de los pacientes obesos presentan menos receptores de insulina, además de más cantidad de receptores beta adrenérgicos que repercuten en una liberación mayor de ácidos grasos libres.

Este excedente repercute en un mayor nivel de radicales libres que también interactúan con determinadas adipocitoquinas, lo que acaba en la apoptosis (muerte celular) de la células beta del páncreas (órgano encargado de segregar la insulina endógena).

Este proceso, denominado lipotoxicidad, perjudica el metabolismo de la glucosa y la insulina. «Esta es una prueba irrefutable de que la diabetes tipo 2 tiene un origen lipocéntrico», afirma el documento de 'JAMA' que señala la necesidad de modificar la perspectiva «glucocéntrica» predominante hasta el momento y conceder más importancia al estudio de la grasa abdominal y el papel de los adipocitos, hasta ahora «unos grandes desconocidos».

Tanto es así que los especialistas en endocrinología no dudan en hablar de órgano adiposo, en lugar de tejido graso. «Desde que en 1994 se descubrió la leptina [una de las adipocitoquinas implicadas en varios procesos fisiológicos, como la regulación del apetito] no han cesado los hallazgos y publicaciones al respecto de nuevas proteínas de este tejido que eran capaces de influenciar sobre diversos parámetros relacionados con la diabetes del adulto y de las enfermedades cardiovasculares», resume Xavier Formiguera, presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO')'.

Por otra parte, en muchos trabajos se ha constatado que una reducción del peso y, en consecuencia, de la grasa abdominal repercute positivamente en varios factores de riesgo cardiovascular y, de manera muy especial, en la normalización del metabolismo de la glucosa, que aparece alterado en los diabéticos tipo 2 y en aquellos pacientes que acaban padeciéndola. Un estudio publicado hace mes y medio, también en 'JAMA,' demostraba que la cirugía bariátrica (reducción de la capacidad del estómago para combatir la obesidad) tenía efectos muy positivos sobre la diabetes tipo 2 de los pacientes reclutados para el seguimiento.

De hecho, el 73% de la muestra logró una remisión total de la patología. Ante semejante éxito, el editorial que acompañaba a esta investigación postulaba este tipo de intervención como tratamiento futuro de la diabetes del adulto; eso sí, siempre para personas a las que no les quedase otra alternativa.

«Este descubrimiento ha abierto un horizonte muy esperanzador para este tipo de pacientes», escribían sus autores, a pesar de reconocer que todavía quedaban trabajos por hacer en este terreno y advertir de que la operación bariátrica no está exenta de riesgos.

Sin embargo, y dados los pobres resultados que se obtienen en el tratamiento de la diabetes del adulto, no parece descabellado añadir todas las alternativas terapéuticas posibles al arsenal disponible, sobre todo teniendo en cuenta los buenos rendimientos que se logran adelgazando, incluso sin llegar al quirófano.

Buena prueba de ello es otro trabajo, recogido en el número de enero de 'Archives of Internal Medicine.' Este seguimiento concluyó que los diabéticos tipo 2 que recibían consejo médico encaminado a que modificasen su estilo de vida para bajar de peso (mediante dieta y ejercicio) lograban controlar mejor su patología que aquellos que se limitaban a seguir la terapia convencional, basada sobre todo en fármacos.

En esta ocasión, el comentario adjunto al artículo hacía hincapié en que incluso una reducción modesta de la grasa abdominal podría ejercer beneficios considerables y no sólo en lo referente al control de la diabetes (aunque esta patología es la más destacada) y la enfermedad cardiovascular derivada de la aterosclerosis.

Y es que otras investigaciones también han relacionado las adipocitoquinas producidas por la grasa abdominal con la aparición y progresión de determinadas neoplasias (cánceres) por su influencia sobre la mitosis celular y la angiogénesis (formación de red vascular que alimenta a los tumores); con trastornos sanguíneos (por su incidencia sobre la diferenciación y proliferación de las células hematopoyéticas); con la osteosíntesis (dificultan la cicatrización de los huesos) y con funciones inmunológicas.

Estos datos no implican que todas las patologías se deban únicamente a una rebeldía inusitada de las adipocitoquinas presentes en los michelines.

Pero sí, en lo que a la diabetes se refiere, implican que «la terapia más racional será la que reduzca el excedente calórico responsable de la hiperinsulinemia [exceso de glucosa en sangre] y la lipogénesis [formación y acumulación de grasa]. Si mejoran estos factores, la glucemia seguirá el mismo camino progresivamente [...]. En el caso de que después de todas estas intervenciones la glucosa siga alta, se requerirá medicación antidiabética; pero como último recurso», vaticina el autor deo comentario de 'JAMA'
 
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